En el dique seco

La definición de la expresión no deja lugar a dudas:

  1. Construcción en la dársena (la parte resguardada de un puerto) donde se colocan las embarcaciones para realizar en ellas las labores de mantenimiento. Vaaaale, pasemos de esta acepción…
  2. Situación de parón e inactividad obligada (impuesta por las circunstancias), o en que uno no puede desarrollar su actividad normalmente o como le gustaría. Esta sí…
  3. Situación de estancamiento e inoperancia o imposibilidad de ser desarrollado. Esta también!

¿Verdad? Definir es fácil. La realidad es un poco más… caprichosa…

Menuda paradoja con “la cafotera”! Y es que en un post anterior me quejaba de cuando se llenaba el depósito de cápsulas de una cafetera y había que vaciar… ¿Os acordáis? Pero demonios, ese endiablado artilugio tiene otro abrumador efecto: el depósito de agua…. Sí, efectivamente, la mayoría de vosotros lo habréis padecido: empieza a hacerse el café y un ruido de tubería rota, similar a nuestras tripas después de un empacho de judías, nos sorprende y de golpe… ya no sale más café. Falta Agua en el depósito! Y que curioso y contradictorio… Ahora hace falta llenar…

¿Entonces? ¿Vaciamos? ¿Llenamos? ¿Llenamos para vaciar? ¿Vaciamos para llenar? Dios! Que lío! ¿Qué hacemos? Para empezar voy a comprarme una “Oroley” y se acabó el tema café….

 

¿Cómo se vive en el dique seco?

Hace unos días, una amiga me propuso que hablara sobre “cómo se vive en el dique seco”. Y pensé… ¿Por qué no? Al final, seguro hay miles de artículos que hablan de “Salir del dique seco” o de “Evitar entrar en él”. Y es que hay gente muy sabia, por suerte!

Pero no nos engañemos,.., varias veces, durante nuestra vida, entraremos en él. Hagamos lo que hagamos. Es inevitable. Nuestro depósito vital siempre se acaba y nos deja … por lo suelos… Así… Que… vamos a ello… También, supongo, habrá textos que hablen de esto… Pero en fin… Charlemos un rato….

En general, no nos gusta estar “En el dique seco”. Por que es un dique. Por que está seco. Y odiamos aquello que es seco, árido, ausente, casi, de vida (bueno, todos lo odiamos… menos  un puñado de beduinos, cuatro camellos despistados  y diversos jeques árabes forrados a más no poder).

Y cuando estás en un sitio donde no quieres estar te sientes … incómodo.

Además: despistado por que estás pensando constantemente en irte de allí.

Además: cabreado por que deseas mil cosas pero ninguna cabe en el dique… Seco.

Además: triste por que no tienes el control de la situación: no puedes hacer lo que quieres. 

Y Además: resignado por que no ves forma de salir, de solucionar tu situación.

¿Y que hacemos entonces?

Ni por asomo os mostraré la salida del dique. ¿Acaso soy vuestro coach? No podría! Menudo talento hace falta para ello! Y si una cosa tenemos los “loosers” es cierta falta, precisamente, de talento… Como decía Berto Romero “No… busco… talento…”…

Pero… Por experiencia en algunas estancias por estos lares… 

¿Por qué estar incómodos?  ¿Por qué no nos ponemos como mejor podamos? Que empiece la función! El teatro de la vida… A tranquilizarse, serenarse y mejor que nos coja reclinados en un buen sofá. 

¿Y despistados? Ufff, eso es complicado… pero ¿Y si intentamos cada día no pensar constantemente en como salir? ¿Y sí probamos, como mínimo, en concentrarnos en algo que no sea el mantra de “cómo salir”?  No importa qué. No importa cuanto. Pero sí importa hacerlo! 

Lo del cabreo es ya harina de otro costal… Nos cabreamos, mucho, con nosotros mismos, con los demás, con el pez de la pecera que no logramos que siga nuestro dedo… Y ese cabreo nos incomoda, nos desconcentra más, nos entristece y alimenta nuestra resignación. Así que cómo si de un día de la marmota se tratara…, Volvamos a recostarnos en el sofá, contemos hasta donde nos acordemos, pongámonos lo mejor que podamos y concentrémonos en “dejar de cabrearse”. Ya tenemos tema!!! Así dejamos, a la vez, de pensar en salir!!!

La tristeza come por si sola… Quizás no haya otra forma de estar en el dique seco. Pero he descubierto, guardadme el secreto y no lo contéis a nadie, que también se puede reír de tristeza. Cuesta. Y es amargo. Pero se puede. A veces lo consigo relativizándolo todo y, aun triste, la pena queda pequeña. En otras ocasiones, pienso que esa tristeza carga las baterías de mi depósito de “Karma” y, como todo es “Ying-Yang” pronto algo nuevo acabará por reconfortarme. Y en algunas ocasiones, lloro un poco, por que así creo que también se hará más pequeña. Pero la verdad sea dicha, no he conseguido estar en el dique seco y evitar la maldita… tristeza… ¿Alguien tiene un método para ello?

Al final viene, como suele ocurrir en las auténticas películas de terror, la sensación más atroz y destructiva del “Dique Seco”: la resignación.

La resignación en el dique seco puede convertirse en tu nuevo estilo de vida. Y eso es fatal.

Y vencerla no es fácil. Para vencerla, todos pensamos en “cómo salir del agujero”. ¿Y que pasa con ello? Pues lo acabamos de explicar: estar constantemente pensando en cómo salir, te hace despistado, te hace vivir un mundo paralelo que no existe, encerrado en tus pensamientos, cabreado, triste e incómodo. A su vez, si no intentamos salir, alimentamos con furia la resignación y la transformamos en nuestro “latemotiv”… “Aix”… Que lío otra vez!

¿Qué hacemos entonces?

No estoy muy seguro de tener respuesta a eso. Pero os contaré lo que yo hago: suele ser complejo pensar en cómo salir del dique seco. El dique seco tiene un poco de todos los sentimientos más desagradables que podamos conocer: incomodidad, despiste, tristeza y resignación, entre otros! Así que, supongo, para salir hace falta una buena carga de voluntad, de paciencia y de esfuerzo que cada uno debe saber cómo y cuando aplicar. Pero, si estoy cómodo, si intento concentrarme en algo, por insignificante que sea, y evito naufragar en la tristeza, quizás sea el momento adecuado para ponerme a fabricar pequeños logros, pequeños objetivos, aunque nada tengan que ver para salir de mi pozo,…, pequeños anhelos, pequeños deseos, pequeños retos, todo muy muy sencillo, humilde y hasta práctico… Por diminuto que sea, a mi me ayuda y veo que se torna “antídoto” para la resignación. ¿Os ocurre algo similar a vosotros?

En definitiva… Pensemos en ello… Y cómo mejor sepamos vivir en el dique seco, quizás, sólo quizás, más rápido consigamos salir.

Esto es válido para casi todos.! Y no digo todos por que no aplica para los “loosers”: esta raza se ha acostumbrado tan bien a vivir allí, que acaba echando raíces. Y cortar raíces ya es algo con más enjundia. 

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà.